Izquierda Cristiana de Magallanes
  Ignacio Ellacuría: filosofía y liberación en América Latina
 

Colaboración de Carlos Molina Velásquez, Docente del Departamento de Filosofía de la UCA
extraído de http://www.uca.edu.sv


 

En Ignacio Ellacuría encontramos una peculiar idea de lo que es la filosofía, idea que se nutre de una tradición filosófica a la cual pertenecen pensadores como Sócrates, Karl Marx y Xavier Zubiri, para quienes la filosofía conjuga armoniosamente teoría y praxis. Esto está íntimamente relacionado con el hecho de que el aporte de Ellacuría a la filosofía latinoamericana no puede sacarse del contexto de la filosofía de la liberación, ya que, según él, toda reflexión filosófica contiene dentro de sí un talante liberador, una función liberadora. Por otro lado, en orden a la construcción de una filosofía latinoamericana, lo anterior significa que hay una primariedad de lo liberador respecto de lo latinoamericano. Estas tres ideas constituyen los tres momentos de nuestra reflexión.

En primer lugar, ¿qué entiende Ellacuría por filosofía? Hay que aclarar que él enfrentó el asunto en un escrito en donde se analiza esto detalladamente: nos referimos a su artículo "Filosofía y política". Es ahí donde, siguiendo a Zubiri, concibe la filosofía a partir de tres conceptos que, a lo largo de la historia, ha tratado de definir la actividad filosófica: filosofía como un saber de las cosas, filosofía como dirección para el mundo y filosofía como forma de vida, tres conceptos de filosofía que corresponden a tres dimensiones de la inteligencia: teórica, práctica e histórica.

"El primer concepto [de filosofía sería el de un saber acerca de las cosas... en esta concepción de la filosofía predomina el aspecto cognoscitivo-contemplativo, más que el aspecto cognoscitivo-operativo (...) Así, a la filosofía como saber responde un sentido predominantemente contemplativo de la inteligencia" (FP, 56, 59). Es preciso hacer mención acá de la filosofía realizada por Zubiri, la cual podemos ubicar dentro de este concepto cognoscitivo-contemplativo, ya que desde los primeros cursos de los años treinta y cuarenta, hasta los escritos en que trabajaba cuando le sorprendió la muerte, Zubiri desarrolló un estilo de trabajo filosófico que podríamos considerar esencialmente como una theoría. Por su parte, Ellacuría, al relativizar la dimensión contemplativa de la filosofía, no se convierte en un detractor de la misma; al contrario, buena parte de la importancia del pensamiento de Zubiri en su obra se debe a que le considerara un "filósofo puro". Es más, Ellacuría defenderá a su maestro de las acusaciones de "evasión", argumentando que para la praxis es necesaria una sólida teoría. También dirá que, así como es necesario que haya algunos filósofos preocupados por lo político y por lo actual, hace falta otros que se ocupen de la realidad en tanto que realidad y de lo eterno.

"El segundo concepto de filosofía [continúa Ellacuría], como dirección para el mundo y la vida, es ya un concepto formalmente político. Se trataría de un saber, pero un saber rector del mundo y de la vida (...) A la filosofía como dirección del mundo y de la vida responde un sentido predominantemente activo y rector de la inteligencia. La inteligencia sería ante todo actividad transformadora de la propia vida, después de la vida ciudadana y aun del mundo material, a través de esa inteligencia activa que maneja la techne" (FP, 56, 59). Pueden verse aquí los ecos del pensamiento de Karl Marx, un pensador que planteó con radicalidad la labor de una filosofía predominantemente transformadora: "Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo" (Tesis XI sobre Feuerbach, en K. Marx, Los manuscritos de 1844 y Tesis sobre Feuerbach). Por otro lado, Marx tuvo también mucha influencia en el pensamiento de Ellacuría, tanto por su concepción de la filosofía dentro del horizonte de lo ideológico, como veremos adelante, como por la visión de la historia como el "lugar" donde la realidad se manifiesta en toda su plenitud.

"El tercer concepto de filosofía, como forma de vida, es esencialmente político... por ser forma de vida es algo que acontece, es, en el sentido amplio del término, algo histórico (...) A la filosofía como forma de vida responde una interpretación de la inteligencia como inteligencia histórica. La inteligencia es, por lo pronto, una inteligencia situada, es decir, una inteligencia que sabe que no puede entrar al fondo de sí misma más que situadamente y pretendiendo entrar al fondo de la situación tomada en su totalidad" (FP, 57, 59). Acá es preciso recordar a Sócrates, filósofo fundamental según Ellacuría, sobre todo por su implicación total en la vida de la polis, que sólo se explica desde la mutua imbricación de la vida y el filosofar que le caracterizó y lo acompañó hasta las últimas consecuencias.

La filosofía tiene así una relación esencial con la configuración del mundo, ya porque construye teorías que facilitan la comprensión de éste, ya porque su labor está ligada a la praxis que busca su transformación y, además, en cuanto se trata de algo que acontece, que forma parte de la historia misma del mundo. Es lo que Ellacuría llama "politización de la filosofía" (FP, 60), lo cual no implica sacrificar los valores teóricos de la misma: "Que esto [la politización de la filosofía] no lleva a la practiconería y al olvido de los valores teóricos, lo demuestra el ejemplo de Sócrates. Su esencial carácter de filósofo político no sólo no cerró el paso a la filosofía, sino que posibilitó uno de sus momentos más excelsos: al radicarse el pensamiento en la polis y en los asuntos de la polis fue posible y fue necesario el estallido teórico de Platón y Aristóteles. Esta lección de Sócrates necesita ser analizada cuidadosamente, porque delimita bien el sentido y el valor de un filosofar político" (FP, 61).

Pasemos ahora al segundo momento de nuestra reflexión y veamos en qué consiste lo que Ellacuría llama "función liberadora de la filosofía". Esta se realiza en dos momentos metodológicos: la función crítica y la función creadora (Cfr. FLF, 95-107). La crítica de la ideología dominante es lo que Ellacuría entiende por función crítica de la filosofía (Cfr. FLF, 95). Ahora bien, no es que haya una deslegitimación de toda ideología, ya que puede considerarse un carácter positivo en éstas (Cfr. FLF, 98); es, más bien, contra la ideologización, el ocultamiento expreso y consciente de la realidad, que se dirige la filosofía en su función desenmascaradora (Cfr. FLF, 99). Por otra parte, la función creadora de la filosofía implica la elaboración de una visión de la realidad que la muestre tal como es, que contribuya a un mejor conocimiento de ésta y de sus fundamentos (Cfr. FLF, 102). Aquí es preciso aclarar que no se trata de descubrir o aportar datos, lo cual corresponde a las ciencias, sino de presentar una visión global y estructural de la realidad, que atienda a su vez a lo radical de la misma.

Pero la filosofía, por muy liberadora que se comprenda a sí misma, no basta para realizar la liberación: Ellacuría hace depender la función liberadora de la filosofía de la praxis y del sujeto de la liberación (aunque reconoce la relativa independencia del filosofar respecto de cualquier praxis histórica. Cfr. FLF, 108-109): "La filosofía sólo podrá desempeñar su función ideológica crítica y creadora en favor de una praxis de liberación eficaz, si se sitúa adecuadamente dentro de esa praxis liberadora, que en principio es independiente de ella" (FLF, 108). Aquel —o aquellos— a quien le corresponderá llevar adelante tal empresa es lo que se entiende por sujeto de la liberación. Para Ellacuría es claro que éste está constituido por las mayorías populares, que son las que padecen la opresión: "La liberación de los pueblos, así como su opresión antecedente, la hacen las fuerzas sociales... Las fuerzas sociales que, en principio, más pueden contribuir a la liberación son las que constituyen la contradicción principal de las fuerzas que son las responsables principales de la dominación y de la opresión" (FLF, 114).

La filosofía siempre será liberadora, ya que si nos encontramos con una explicación teórica de la realidad que resulte ser encubridora, no la llamaremos filosofía, sino ideologización. Es así que los dos términos constituyentes de la filosofía de la liberación se explican a partir de la lucha contra la ideología dominante (filosofía), que es el aporte teórico a la lucha contra las fuerzas sociales que se amparan en tal ideología para llevar a cabo su dominación histórica-concreta (liberación).

Ahora bien, pasemos a nuestro último problema: ¿cómo se relaciona esta concepción ellacuriana de la filosofía con los intentos de construir una "filosofía latinoamericana"? Si nos atenemos a lo visto arriba, la filosofía será para Ellacuría una síntesis de la vida intelectual y la vida política: es preciso realizar la actividad "contemplativa", la búsqueda de lo fundamental de la realidad, y es preciso que esta pesquisa teorética se realice de la mano de la actividad política, el afán eficiente de transformación del mundo. La síntesis de bíos theoretikós y bíos politikós constituye a la filosofía como una filosofía de la liberación. Esto quiere decir que no basta con la "voluntad de verdad", hace falta la "voluntad de bien". Por esto es que la filosofía es propuesta por Ellacuría como una labor socrática, una forma de vida que es una búsqueda intelectual y una práctica política. Una filosofía latinoamericana de la liberación será, más bien, una filosofía de la liberación en Latinoamérica, lo cual quiere decir que en Ellacuría hay una primariedad de la dimensión liberadora sobre una reflexión "cultural" del filosofar. En todo caso, el punto de encuentro entre los dos términos de la filosofía latinoamericana —el que sea "filosofía" y "latinoamericana"— es el carácter liberador de la reflexión teórica, su contribución a la efectiva liberación de las masas empobrecidas/marginadas que en nuestro subcontinente son mayoría (Cfr. FLF, 94). Ahora bien, dado que las condiciones de opresión no son privativas de Latinoamérica, esta función liberadora tampoco lo será. El énfasis está puesto en el carácter liberador de toda filosofía y en la historicidad de todo filosofar; no hay en Ellacuría la imperiosa necesidad de recuperar la "historia del filosofar latinoamericano", como si se tratase de una premisa suficiente —y por lo tanto excluyente— o indispensable para la constitución de una filosofía en América Latina; ni siquiera se plantea aquella famosa pregunta sobre si hay o no tal "filosofía latinoamericana", en tanto "pensamiento autóctono" o "reflexión auténticamente latinoamericana". De hecho, piensa Ellacuría, habrá filosofía latinoamericana siempre y cuando la realidad latinoamericana sea asumida filosóficamente, y ya que esta realidad manifiesta una muy concreta condición de opresión y dado que la filosofía es necesariamente liberadora, entonces esta filosofía a realizar será liberadora. En cuanto a si habrá modos precisos de filosofar, procedentes de las particularidades culturales de Latinoamérica, Ellacuría no aborda el problema (en todo caso, se trataría de un problema ulterior). Tal vez podríamos inferir que lo aborda ignorándolo: para Ellacuría lo importante es la ubicación (situs) y finalidad (telos) del filosofar, el cual posee una historia que surge en Grecia, se desarrolla en el "mundo occidental" y de la cual todos, latinoamericanos inclusive, somos herederos.

 
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