Izquierda Cristiana de Magallanes
  Intervención Acto Inaugural Primer Congreso de Derechos Humanos, Región de Magallanes
 

 (Éste es el texto del discurso que  presento José ortega Miranda, 
durante su estadía en Punta Arenas, ante el 
Congreso de Derechos Humanos en la Jornada Inaugural 
el día viernes 9 de noviembre, en la Sede Magallanes de la Universidad Arcis)


Queridos compañeros y compañeras, amigos y amigas

 

Me ha correspondido entregar un saludo a nombre de las organizaciones nacionales de Derechos Humanos, a este primer Congreso Nacional de Derechos Humanos de la Región de Magallanes, precisamente acá, en la capital de la región más austral de Chile, donde lo más lejano se nos hace más cercano.

 

Aquí he encontrado el calor de una comunidad que conserva sus vínculos, sus afectos y sus tradiciones, contrastado con un clima, a veces hostil para el afuerino, pero que a la larga uno entiende que el frío, la lluvia y el viento hacen que el calor de los hogares sea más humano, más acogedor y más cercano.

 

Es esa dimensión de lo humano lo que buscamos encontrar en este congreso, dar cuenta de esa condición esencial, propia y cercana que es el ser humano, su rostro, su existencia y su naturaleza. Es a él, o a ella, a quien debemos indagar para que la verdad propia de su ser emerja como certeza, y podamos reconocer en cada uno de nosotros, en cada uno de nuestros hermanos, aquello que nos une, nos iguala, nos hace pertenecernos, aun en la diferencia, aun en la diversidad, encontrar ese vínculo invisible pero fundamental, que es el derecho a ser, el derecho a ser reconocido como humano y aceptar en ese reconocimiento los derechos inalienables que como ser humano tiene, tenemos y tendremos.

 

Pues, si bien es cierto que los derechos humanos surgen como una convención, como un acuerdo, no podemos negar que dan cuenta de una humanidad que se ha reconocido a sí misma como fundamento de la existencia, como origen y causa de ella misma. Y en ese reconocerse ha declarado lo que le es propio, lo que le es inherente a sí misma, es que el ser humano, por el sólo hecho de ser humano tiene consagrado para sí derechos fundamentales, que garantizan en toda época y lugar su condición de humano.

 

Y es que la humanidad ha dado un paso gigantesco, cuando hace 50 años declarara los 30 derechos fundamentales del ser humano, y estos, al irse ampliando, ha venido haciéndose más carne, del papel han pasado a ser parte de nuestra piel, de nuestra identidad y sobre todo de nuestro compromiso. Pues los derechos humanos no serían lo que son sin que el compromiso nuestro para con ellos y por lo tanto para con nuestros hermanos, no lo hiciesen parte de nosotros mismos.

 

Las violaciones a los derechos humanos acaecidas bajo la dictadura nos obligó a que el compromiso con los derechos humanos se transformaran en el clamor de justicia, de juicio y castigo a los culpables, se convirtió en compromiso para con nuestros caídos y desaparecidos, hasta encontrarlos a todos, hasta hacer justicia y honrar así su sacrificio y legado. Sin embargo, en el caminar, nos fuimos dando cuenta que otros derechos humanos se seguían violando, ya no eran los agentes del estado, ya no eran las ejecuciones ni torturas, eran otras formas en que los derechos de las personas pasaban a ser vulnerados, así fuimos comprendiendo que la lucha por los derechos humanos era una lucha por la gente, por nuestro pueblo, por las personas, que a diario ven afectados, de una u otra forma sus derechos, ya sea por el modelo económico, por un estado gibarizado, por un sistema cultural e histórico de abuso y maltrato, que se manifestaba en el trabajo, en la escuela, en la casa, en el medio ambiente, inclusive entre las mismas personas.

 

La desigual distribución del ingreso, la exclusión, la discriminación, la violencia, la falta de respeto a la dignidad de las personas, la pobreza y la marginalidad nos recuerdan día a día que los derechos humanos tienen que ver con la vida misma, con la cotidianeidad, con el derecho a vivir en paz, en armonía, a vivir bien y en condiciones dignas.

 

Es por eso que la lucha por salario digno, por el fin a la discriminación de la mujer, que la lucha del pueblo mapuche por su tierra y su cultura, que la lucha por una educación digna y gratuita, por un acceso a la salud de calidad para todos y todas, por viviendas adecuadas y dignas para los chilenos, que la lucha por vivir en un medio ambiente no contaminado, por la conservación de nuestros recursos naturales, etc. Eran también luchas por los derechos humanos. Así es como hoy, hemos asumido que este congreso debe abarcar la dimensión amplia y compleja de lo que significan los derechos humanos, descentrándolos del ámbito de las violaciones a los DD.HH en dictadura y convirtiéndolos en un compromiso por la vida en su más amplio sentido.

 

Amigos y amigas, para finalizar, quiero invitarlos a participar activamente de este encuentro, a reafirmar el compromiso con la vida, la justicia y la libertad. Tengo la certeza que lo que conversemos, discutamos y resolvamos en estos días nos fortalecerá en nuestras convicciones y nos dotará de nuevas herramientas para lograr hacer de Chile y del Mundo, que es nuestro hogar, un lugar mejor, un lugar sin discriminación ni opresión de ningún tipo, porque nos asiste la plena convicción de que otro Mundo es posible y que otro Chile es posible.

 

 José Ortega Miranda.
Secretario Nacional de Organización IC

 
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